En los últimos años, México se volvió trending topic en la conversación global, aunque no necesariamente por las razones correctas. El nearshoring ha sido visto como una ventaja natural: proximidad geográfica, ahorro en costos y talento disponible. Sin embargo, la euforia cesó conforme las políticas comerciales internacionales fueron presentando ajustes. Lo interesante —y lo relevante para la industria tecnológica— es que el modelo está mutando hacia algo más sofisticado: un esquema donde el valor no está en la tarifa, sino en la capacidad de diseñar soluciones.
En la actualidad cerca del 49% de las empresas en Estados Unidos ya están utilizando esquemas de nearshoring hacia México y Canadá en servicios de TI, según información de la empresa Emapta. Pero el dato más importante no es ese, sino lo que viene detrás: el mercado de servicios de TI en México podría pasar de más de 21 mil millones de dólares en 2025 a más de 37 mil millones en 2030 . El crecimiento no está ligado a la idea de ser “más barato”, sino debido a que el tipo de trabajo que se está moviendo hacia México está cambiando.
Más que código: el paso hacia el diseño de soluciones
Durante años, la necesidad de desarrolladores en la industria ha tenido un crecimiento constante. En México, esto alentó el desarrollo de obra calificada, el cual se vio aún más fortalecido debido a la cercanía y buena comunicación con el mercado más grande del mundo (Estados Unidos).
Pero esta ventaja tiene fecha de caducidad pues, en la práctica, está ocurriendo un desplazamiento hacia niveles más altos de la cadena de valor. Esto significa que la necesidad de escribir “solo” código, se mueve hacia el entendimiento profundo del problema antes de tocar el teclado. Es decir, pasar de proveer desarrolladores a integrar arquitectos de soluciones, especialistas en negocio y perfiles capaces de conectar tecnología con operación real.
Ese cambio no es menor. Implica que el valor ya no está en cuántas horas se facturan, sino en qué tan bien se resuelve un problema. Y eso rompe directamente con la lógica tradicional de competir contra India o Corea (una carrera por el costo).
De hecho, se estima que México ya exporta más de 21 mil millones de dólares en servicios de TI . Pero lo relevante no es la cifra, sino la naturaleza de esos servicios: cada vez más ligados a plataformas, arquitectura cloud, analítica avanzada e inteligencia artificial.
Dicho en términos simples, el modelo ha cambiado de “te mando un equipo”, a “te ayudo a diseñar lo que necesitas”.
Nace un modelo híbrido global
Otro cambio silencioso —pero crítico— es la forma en la que se están estructurando los equipos. El nearshoring tradicional planteaba una decisión binaria: o trabajas local o trabajas offshore. Hoy eso ya no existe.
Lo que empieza a consolidarse es un modelo híbrido donde, una parte del equipo está cerca del cliente (entendiendo negocio), otra parte está distribuida globalmente (optimizando costos y cobertura) y, al final, todo se integra como una sola operación.
Este enfoque responde a una lógica mucho más madura: no se trata de mover todo a un país, sino de combinar capacidades. Un modelo 24/7, por ejemplo, ya no se resuelve con un solo país, sino con una red distribuida que optimiza horarios, costos y especialización.
Esto significa que el verdadero salto conceptual consiste en dejar de pensar en geografías para comenzar a pensar en arquitecturas de talento.
De ventaja competitiva a ecosistema
El problema del discurso actual sobre nearshoring es que sigue siendo demasiado simplón. Reduce todo a costo laboral y proximidad. Pero eso es apenas la superficie.
La industria tecnológica en México ya opera en otra capa. El país cuenta con más de 38 clusters tecnológicos y una base creciente de servicios digitales orientados a exportación . Además, el sector servicios representa más del 60% del PIB, lo que refuerza su papel como plataforma de exportación de capacidades, no solo de productos .
Esto conecta con algo más profundo: el valor ya no está en el recurso, sino en el ecosistema.
Empresas que operan en México no solo acceden a talento, sino a redes de partners, conocimiento acumulado en distintas industrias y experiencias replicables desde otras geografías.
Y eso es clave. Porque se trata de un entorno donde la transformación digital es transversal, por lo que la ventaja no es saber utilizar una herramienta, sino saber dónde aplicarla y por qué.
Un cambio incómodo, pero necesario
Para muchos directivos, este cambio implica abandonar una lógica cómoda, la de comprar horas de desarrollo. Lo que se avisora exige otra mentalidad, la cual exige entender que la eficiencia de costos es solo el punto de entrada, que el verdadero retorno está en la calidad de la solución y que la competitividad depende de qué tan rápido puedes evolucionar tu modelo de negocio.
El nearshoring, en ese sentido, debe ser visto como estrategia más que táctica. Y México, si logra consolidar este cambio de narrativa, deja de ser “el proveedor cercano” para convertirse en algo mucho más interesante: un socio capaz de diseñar, ejecutar y escalar soluciones en un entorno global.
La diferencia parece sutil, pero no lo es: Hablamos de la diferencia entre ser parte del problema… o parte de la solución.


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